Ginebra había propuesto como reto escribir un texto sobre la
idea metafórica de fluir. Era un concepto que sugería improvisación y dejarse
llevar. Así que decidió dar un paseo sin rumbo fijo para buscar inspiración.
Entre las prendas de su armario, eligió un vestido vaporoso con un estampado floral y se calzó unas sandalias de tiras. Empezó a caminar rumbo a la playa de la Malvarrosa, y pasó por un muro del que colgaba una enredadera con flores que casi hacían juego con las de su vestido.
En otro punto de la ciudad se encontraba Volarela, quien deseaba volver al mundo bloguero. El nuevo reto de Ginebra era una buena oportunidad para retomar su hábito de escribir. Al caer la noche, se sentó junto a la ventana abierta. Hacía una noche muy agradable, y tal vez alguna escena que viera le podría servir de inspiración.
Al día siguiente, Ginebra tuvo una idea que encajaba a la
perfección con el concepto de fluir. Escribiría un relato en torno al río
Turia, y para ello caminaría por una de sus orillas y tomaría notas sobre el
terreno.
Así lo hizo. Tras un rato paseando, en un tramo muy caudaloso del río vio un montón de patos y ocas varios colores: blancos, negros, pardos... Sacó una foto con su móvil y se la envió a su amiga Volarela, ella era muy amiga de las aves.
Una cosa llevó a la otra, y acabaron teniendo una divertida conversación por videollamada, en la que hablaron de todo. Entre otras cosas, de los amigos comunes del mundo bloguero.
–¿Sobre qué escribirá Chema en este reto sobre fluir? ¿Hará un análisis matemático sobre el caudal del Manzanares? –dijo Volarela, en tono travieso.
–¡Oh, con él cualquiera sabe! –respondió Ginebra–. Puede que aparezcamos nosotras como personajes de su relato. La última vez que visitó nuestra ciudad fue en 1999, y siente nostalgia de esos años jóvenes...



































