martes, 7 de abril de 2026

luces y fuegos

 

la reacción de un hidrocarburo con oxígeno se denomina combustión, y da como productos dióxido de carbono y vapor de agua.

me gustan los ejercicios de ajustar reacciones. aquí tenéis un ejemplo de reacción de combustión, con el hidrocarburo más sencillo que hay, que es el metano.

sin embargo, si la combustión se produce con insuficiente oxígeno, se puede formar monóxido de carbono, un gas altamente tóxico.

comparando esta reacción y la que os pongo más abajo, observamos que cuando la proporción molecular del metano con el oxígeno es 1:2, se forma dióxido de carbono; pero en cambio, si dicha proporción es 1:1,5, entonces aparecerá el fatídico monóxido de carbono.

para proporciones intermedias, se formarán ambos gases, dióxido y monóxido. al intentar ajustar esa hipotética reacción mixta, nos encontraríamos un sistema de tres ecuaciones con cinco incógnitas, es decir, tendría dos grados de libertad. demasiado lioso y excede el propósito de esta entrada.

de eso trata el último libro que he leído, ‘oxígeno’ de marta jiménez serrano. de ella ya había leído su novela ‘los nombres propios’ y su colección de relatos ‘no todo el mundo’. me gustó su estilo reflexivo y al mismo tiempo desenfadado.

sin embargo, ‘oxígeno’ es una obra autobiográfica que aborda un tema más serio, como es el de los peligros de una combustión deficiente... no me extenderé más, porque es un tema duro y en cualquier sitio podéis encontrar una sinopsis de ese libro.

contiene muchos pasajes y reflexiones interesantes, y me he quedado con éste:

Siempre he sido buena identificando patrones, relacionando elementos distintos para que juntos formen un todo y cobren un sentido. Esto es una bendición de los dioses para la escritora que soy y una condena perpetua para la hipocondriaca que hay en mí.

(...) El patrón implica secuencia. Si algo ha ocurrido una vez, ocurrirá más veces, de igual forma o con variaciones. Después de un endecasílabo viene otro, y después de dos cuartetos vienen dos tercetos.

en mi caso, a mi manera, busco la relación entre cosas que me han sucedido o que he leído/escuchado en un cierto período de tiempo.

marta jiménez serrano, en su obra ‘oxígeno’ advierte reiteradamente sobre el color de una llama en una caldera, como signo de que no emitirá sustancias tóxicas. al contrario de lo que se pueda pensar, la llama debe ser azul, o al menos que este color sea el predominante. cuando el color es anaranjado, es cuando debemos preocuparnos.

no hace mucho leí que la temperatura de las estrellas es inversamente proporcional a la longitud de onda del color que emiten. los colores del espectro visible son, en orden decreciente de longitud de onda: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, índigo y morado. eso quiere decir que, en contra de lo que se pueda intuir, las estrellas rojizas son relativamente “frías”, mientras que las estrellas azuladas son las más cálidas.

la llama azul de la que hablaba la autora del libro, supongo que tiene mayor temperatura y emite más energía, lo cual nos da a entender que se está produciendo una combustión completa.

el otro día me senté en una terraza del retiro a leer y tomar un café, y elegí un sitio en el que daba el sol (mal por mí). al cerrar los ojos veía el color verde, además un verde hierba muy intenso.

y ayer en un grupo de whatsapp, una amiga mencionaba las auroras boreales. volvemos a lo que comentaba la escritora sobre los patrones: estaba claro que tenía que escribir algo sobre colores, luces y fuegos.

las aventuras de esther están ambientadas en inglaterra, pero si se desarrollaran en nuestro país, tal vez esta viñeta podría ser de la noche de san juan. esta festividad tiene mucho arraigo en la tierra de buenas y cariñosas amigas. todavía faltan algo más de dos meses, pero el tiempo vuela.

miércoles, 1 de abril de 2026

sentir

 

el pasado mes de febrero, nuestra amiga ginebra nos proponía escribir un texto sobre placeres. me ha hasta apuro escribir la palabra, y alguien podría decir que azucena es mi alter ego femenino. 😉

entre las imágenes que nos ofreció gin para inspirarnos, elegí ésta que veis. empezamos el relato, y espero que os guste.

Azucena había recibido una educación religiosa muy estricta, pero a medida que se fue abriendo al mundo, se volvió una chica más liberal.

Su amiga Ginebra le había regalado un libro de neuropsicología titulado ‘el cerebro: una red infinita’. Azucena lo estaba leyendo por las noches en la cama, antes de dormir.

Iba por un capítulo que trataba sobre el circuito de recompensa. Explicado de manera muy simplificada, el cerebro recibe un estímulo, y si lo identifica como placentero, en el futuro el individuo lo tomará como motivación para su conducta.

Azu dejó el libro apartado unos instantes, y reflexionó sobre cómo en ciertos entornos muy puritanos se había demonizado el placer. Y lo que es peor, para quienes habían recibido ese tipo de educación -de la que uno nunca consigue desprenderse del todo-, la misma palabra ‘placer’ había quedado impregnada de connotaciones libidinosas. Lo cual no sería necesariamente malo, pero hay muchos tipos y formas de placer.

¿Ejemplos? Quedarse dormido/a después de un largo día, darse un baño en el mar, escuchar buena música, entrar en una pastelería y sentir el olor a dulces recién hechos... Por no hablar de placeres más mentales, como leer un buen libro o contemplar un paisaje exótico.

Bueno, y el concepto de placer también es un poco subjetivo. Por ejemplo, las cosquillas en las plantas de los pies, para unas personas pueden despertar muchas sensaciones agradables, mientras que para otras pueden ser una tortura.

Azu retomó la lectura de su libro de psicología, pensando: “tanto si termino de leer este capítulo tan interesante como si me quedo dormida antes, será bueno en ambos casos”.

La semana siguiente tenía examen de estadística, y le entraban teoría de juegos y equilibrios de Nash. Si aprobaba con buena nota, ¡eso sí que iba a ser un placer de verdad!

viernes, 27 de marzo de 2026

paseo acuático

en los últimos meses, las clases y otras rutinas me habían impedido visitar el parque del retiro. eso me ha hecho volver a apreciarlo, y es que de tanto ir los fines de semana había llegado a cansarme un poco.

en esta ocasión, por variar he hecho un recorrido por todo el contorno del estanque.



en la orilla de enfrente está el monumento a alfonso xiii.



ésta es la fuente egipcia. hasta ahora no le había prestado mucha atención, pero es muy bonita.


el grifo se abre pulsando una pequeña palanca un poco escondida.


ahora pasamos por detrás del monumento a alfonso xiii.


por aquí hay unos arroyos conectados con el estanque. 💧


y volvemos al punto de partida.


ayer terminé la novela policiaca 'detective ferruchi' de marta villar. es algo más costumbrista y desenfadada de lo que es habitual en este género.

hay un pasaje que va a tono con esta entrada:

En un tramo del camino, vi el suelo hinchado, como si pudieses una almohada mojada de ajo de una colcha. Brotaba un hilillo de agua de debajo. Mi abuela María me dijo que a ese fenómeno lo llamaban «vieja muerta». El nombre no le gustaba, claro, pero siempre se había llamado así. Era un manantial que nacía en medio de la pista. Ella decía que el agua siempre busca su sitio. Que no le puedes poner puertas, que abre el cemento, el alquitrán y lo que sea, para poder salir. 


quiero pensar que somos como el agua, atravesamos atascos y obstáculos para encontrar nuestro lugar...

miércoles, 18 de marzo de 2026

el lado bueno

 

el lunes por la tarde me empecé a encontrar un poco mal del estómago. tenía una clase con una alumna, y se la di como buenamente pude. a la salida me compré un aquarius en una tienda y me fui en metro a mi casa. y nada más llegar a casa me quité la ropa y me metí en la cama.

ayer, para empeorar las cosas, me tumbé sin querer sobre mis gafas, que me las había dejado encima de la cama. se arrancó una patilla bajo el peso. afortunadamente estaban en garantía, me las habían hecho en noviembre -hace cuatro meses- y guardaba la factura.

mis pobres gafas
 

haciendo un gran esfuerzo, me acerqué a la óptica. le expliqué a la chica lo que había pasado, saqué los papeles de la carpeta donde los llevaba, pero al ir a buscar las gafas rotas que había guardado en su funda... adivináis lo que pasó? sí, me las había dejado en casa.

tuve que volver, y aproveché que al lado había una parada de taxis, porque no podía con mi alma. subí a casa, vi encima de una mesa la funda con las gafas dentro, la metí en la bolsa de mano y regresé a la óptica.

la chica estuvo muy amable. me invitó a sentarme a una mesa: “ven, que no quiero tenerte de pie!”. me dijo que tendrían preparada una nueva patilla izquierda en cuestión de una semana aproximadamente, y que mientras tanto podía llevarme mis gafas. así lo hice, porque no me atrevo a estar una semana sin gafas. prefiero tenerlas, aunque estén ‘cojas’. sin gafas estoy como el pitufo filósofo en las escasas ocasiones en que se las quita...

la ilustración de esther en sus prácticas de enfermera que habéis visto encabezando esta entrada, es una recreación que hizo purita campos de una viñeta antigua. en la época en que editorial glénat reeditó las aventuras de esther (entre 2006 y 2012, más o menos), purita hizo en varias ocasiones eso de pintar con técnicas más sofisticadas algunas escenas aparecidas originalmente en los cómics.

y ésta es la viñeta original. mil gracias por el apoyo y los ánimos. 😊 

lunes, 9 de marzo de 2026

a pesar de...

 

a pesar de la lluvia, tenía ganas de hacer un recorrido fotográfico por una zona donde voy dos veces por semana. se trata de canillejas y ciudad pegaso, dentro del distrito san blas de madrid.

salgo de la boca de metro de canillejas, y a partir de ahí tengo que caminar un rato.


hasta mediados de los noventa, la calle alcalá llegaba hasta el cruce con arturo soria, y a partir de ahí pasaba a llamarse avenida de aragón. pero se decidió “anexionar” dicha avenida a la calle alcalá, convirtiéndose de ese modo en la más larga de madrid.

este puente parece una puerta a otra dimensión...

ahora caminamos por un tramo donde la calle alcalá discurre paralela a la carretera de barcelona.

 

al llegar a estos monolitos, nos internamos por las calles de ciudad pegaso.

supongo que aquí acaba definitivamente la calle alcalá...

en este tranquilo barrio, las calles tienen nombres numéricos. ésta es la uno.

en fin, un recorrido entre calles mojadas y árboles en flor.


en la novela ‘nada más ilusorio’ de marta pérez-carbonell, que terminé de leer ayer, me gustó especialmente este pasaje:

Según leí, hay momentos de felicidad en que nuestro cerebro nos manda una señal para que reparemos en ellos, creando así una suerte de metafelicidad. Me pareció considerado por su parte, que tenga a bien avisarnos: oye, presta atención a lo que te está pasando en este momento; es un instante perfecto de complicidad con alguien, de intimidad incipiente en que nada es aún real, y te estoy avisando, que no se te pase.

espero que os haya gustado el paseo. sé de alguien que lo tuvo que sufrir en vídeo. 😉

martes, 3 de marzo de 2026

marejada

 

han regresado los retos literarios de nuestra amiga ginebra. el mes de febrero nos propuso escribir un texto sobre aceptar las emociones que vivimos, y no buscar siempre una falsa positividad.

entre las imágenes que nos dio a elegir para inspirarnos, me quedé con ésta que veis. espero que os guste el relato. 😊

Era un domingo primaveral. Ginebra había quedado con su excéntrico amigo Chema para ir a ver una exposición de cuadros de temática marina.

Ginebra no pasaba por su mejor momento anímico. La noche anterior había estado leyendo una novela gráfica sobre la Edad Media, concretamente un capítulo dedicado a los viajes en barco en aquella época. Ella pensó: “Si la vida medieval era dura de por sí, no quiero ni imaginar cómo sería para quienes viajaban por mar”.

Como no lograba conciliar el sueño, Gin dio un vistazo a las redes sociales. Vio una publicación sobre la leyenda del hilo rojo que une a dos personas que están predestinadas a encontrarse, y se preguntó: “¿Habrá algo de verdad en eso, o será sólo una muestra más de la moda positivista que nos invade?”.

Poco a poco se le fueron cerrando los ojos, y se recostó sobre la cama sin ponerse el pijama ni taparse...

Gin y Chema ya estaban en el interior del museo. Los cuadros eran de una calidad artística indudable, pero resultaban algo tétricos. Muchos de ellos mostraban el mar revuelto bajo un cielo oscuro, con algún que otro barco navegando en condiciones de riesgo.

Eso sí, se trataba de épocas posteriores a la Edad Media, ya que entonces no existía el concepto de perspectiva en la pintura, los cuadros eran muy ‘planos’. Por el contrario, los que estaban viendo tenían un efecto tridimensional muy logrado. Casi te sentías dentro de aquellas tempestades.

Ginebra de repente se sintió teletransportada a una roca llena de picos y salientes, que se clavaban en sus pies descalzos. Había perdido los zapatos. Entre sus manos tenía el famoso hilo rojo, que se había quedado enredado en la roca. En el extremo del hilo que ella sostenía no había nadie, y el otro extremo era imposible de encontrar.

Se encontraba sola, Chema y todos los visitantes y personal del museo habían desaparecido. Era como si se hubiera trasladado a otra dimensión. No sabía si seguir el rastro del hilo o si huir de allí nadando...

Entonces sonó el despertador. Gin estaba sobre su cama, con el chándal y los calcetines taloneros que llevaba en casa. Se había quedado dormida, y había tenido una terrible pesadilla.

Se duchó y desayunó. A las 11 había quedado con Chema en la puerta del museo. Esperaba que la visita a la exposición en la realidad fuera una experiencia más agradable que en el sueño de la pasada noche.

Cuando vio a Chema en la puerta, se saludaron con dos besos.

–¿Cómo vas, Gin? ¿Has dormido bien hoy?

–Bueno, así así... –respondió ella–. Esperemos que no haya cuadros de rocas con hilos rojos enredados en ellas.

–¿Cómo...? –se extrañó Chema.

–Nada, nada, cosas mías.


La visita al museo estuvo llena de buenos momentos para ambos. Gin anotó ideas que le sugerían los cuadros, y que usaría para sus poemas. Chema grabó un breve vídeo para su paciente y leal amiga catalana.

Después fueron a tomar un café a una terraza cercana, y se estuvieron contando sus penas y alegrías. Tanto Gin como Chema sabían que todas las emociones juegan un papel en la vida. Al igual que los colores fríos y cálidos en la paleta de un pintor/a.

miércoles, 25 de febrero de 2026

estrellas

 

en el siglo xix se planteó la llamada paradoja de olbers. en aquella época se creía que el universo era infinito y eterno: eso querría decir que no tendría límites espaciales, contendría infinitas estrellas, y no tendría comienzo ni final en el tiempo.

si eso era así, entonces cómo se explicaba que el cielo por la noche fuera oscuro? si existían infinitas estrellas, entonces cualquier línea de visión trazada desde la tierra debía interceptar alguna estrella, cuya luz llegaría hasta nosotros.

la paradoja, hoy día ya no es tal. el universo tuvo un comienzo, contiene un número finito de estrellas, y la luz de muchas de ellas aún no nos ha llegado. cuando se dice que un astro determinado se encuentra a x años-luz, eso significa que su luz tarda en llegar a nosotros x años.

la estrella polar, dentro de la constelación de la osa mayor que tintín menciona en la viñeta de arriba, se encuentra a unos 447 años-luz de la tierra. por tanto, la luz que nos llega de esa estrella no es de este instante, sino de hace 440 y tantos años. recíprocamente, si nos observaran desde esa estrella, no verían nuestro mundo actual, sino el mundo en el siglo xvi.


en la novela ‘la teoría del todo o nada’ de sheila medina, que terminaré de leer pronto, se habla de la paradoja de olbers.

Ya estamos cerca de la puerta, el barullo se intuye al otro lado, pero aquí hay demasiado silencio. Me giro hacia Júlia, que tiene la mirada fija en el cielo. «¿Qué estará tramando?».

–Oye, Carlota, ¿por qué las noches son tan oscuras?

–¿Qué dices, tía? –Claudia suelta una carcajada cuando escucha la pregunta–. Que estamos rodeadas de farolas. –Júlia pone los ojos en blanco.

–¿No me cuentas siempre que hay más estrellas en el universo que granos de arena en todas las playas de la Tierra? Me parece raro que el cielo no brille más –indaga Júlia.

No puedo evitar sonreír. Mi amiga no dejará de sorprenderme, nunca.