en el siglo xix se planteó la llamada paradoja de olbers.
en aquella época se creía que el universo era infinito y eterno: eso querría
decir que no tendría límites espaciales, contendría infinitas estrellas, y no
tendría comienzo ni final en el tiempo.
si eso era así, entonces cómo se explicaba que el cielo por la noche fuera oscuro? si existían infinitas estrellas, entonces cualquier línea de visión trazada desde la tierra debía interceptar alguna estrella, cuya luz llegaría hasta nosotros.
la paradoja, hoy día ya no es tal. el universo tuvo un comienzo, contiene un número finito de estrellas, y la luz de muchas de ellas aún no nos ha llegado. cuando se dice que un astro determinado se encuentra a x años-luz, eso significa que su luz tarda en llegar a nosotros x años.
la estrella polar, dentro de la constelación de la osa mayor que tintín menciona en la viñeta de arriba, se encuentra a unos 447 años-luz de la tierra. por tanto, la luz que nos llega de esa estrella no es de este instante, sino de hace 440 y tantos años. recíprocamente, si nos observaran desde esa estrella, no verían nuestro mundo actual, sino el mundo en el siglo xvi.
Ya estamos cerca de la puerta,
el barullo se intuye al otro lado, pero aquí hay demasiado silencio. Me giro
hacia Júlia, que tiene la mirada fija en el cielo. «¿Qué
estará tramando?».
–Oye, Carlota, ¿por qué las noches son tan oscuras?
–¿Qué dices, tía? –Claudia suelta una carcajada
cuando escucha la pregunta–. Que estamos rodeadas de farolas. –Júlia pone los
ojos en blanco.
–¿No me cuentas siempre que hay más estrellas en el
universo que granos de arena en todas las playas de la Tierra? Me parece raro que
el cielo no brille más –indaga Júlia.
No puedo evitar sonreír. Mi amiga no dejará de sorprenderme, nunca.



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