viernes, 27 de marzo de 2026

paseo acuático

en los últimos meses, las clases y otras rutinas me habían impedido visitar el parque del retiro. eso me ha hecho volver a apreciarlo, y es que de tanto ir los fines de semana había llegado a cansarme un poco.

en esta ocasión, por variar he hecho un recorrido por todo el contorno del estanque.



en la orilla de enfrente está el monumento a alfonso xiii.



ésta es la fuente egipcia. hasta ahora no le había prestado mucha atención, pero es muy bonita.


el grifo se abre pulsando una pequeña palanca un poco escondida.


ahora pasamos por detrás del monumento a alfonso xiii.


por aquí hay unos arroyos conectados con el estanque. 💧


y volvemos al punto de partida.


ayer terminé la novela policiaca 'detective ferruchi' de marta villar. es algo más costumbrista y desenfadada de lo que es habitual en este género.

hay un pasaje que va a tono con esta entrada:

En un tramo del camino, vi el suelo hinchado, como si pudieses una almohada mojada de ajo de una colcha. Brotaba un hilillo de agua de debajo. Mi abuela María me dijo que a ese fenómeno lo llamaban «vieja muerta». El nombre no le gustaba, claro, pero siempre se había llamado así. Era un manantial que nacía en medio de la pista. Ella decía que el agua siempre busca su sitio. Que no le puedes poner puertas, que abre el cemento, el alquitrán y lo que sea, para poder salir. 


quiero pensar que somos como el agua, atravesamos atascos y obstáculos para encontrar nuestro lugar...

miércoles, 18 de marzo de 2026

el lado bueno

 

el lunes por la tarde me empecé a encontrar un poco mal del estómago. tenía una clase con una alumna, y se la di como buenamente pude. a la salida me compré un aquarius en una tienda y me fui en metro a mi casa. y nada más llegar a casa me quité la ropa y me metí en la cama.

ayer, para empeorar las cosas, me tumbé sin querer sobre mis gafas, que me las había dejado encima de la cama. se arrancó una patilla bajo el peso. afortunadamente estaban en garantía, me las habían hecho en noviembre -hace cuatro meses- y guardaba la factura.

mis pobres gafas
 

haciendo un gran esfuerzo, me acerqué a la óptica. le expliqué a la chica lo que había pasado, saqué los papeles de la carpeta donde los llevaba, pero al ir a buscar las gafas rotas que había guardado en su funda... adivináis lo que pasó? sí, me las había dejado en casa.

tuve que volver, y aproveché que al lado había una parada de taxis, porque no podía con mi alma. subí a casa, vi encima de una mesa la funda con las gafas dentro, la metí en la bolsa de mano y regresé a la óptica.

la chica estuvo muy amable. me invitó a sentarme a una mesa: “ven, que no quiero tenerte de pie!”. me dijo que tendrían preparada una nueva patilla izquierda en cuestión de una semana aproximadamente, y que mientras tanto podía llevarme mis gafas. así lo hice, porque no me atrevo a estar una semana sin gafas. prefiero tenerlas, aunque estén ‘cojas’. sin gafas estoy como el pitufo filósofo en las escasas ocasiones en que se las quita...

la ilustración de esther en sus prácticas de enfermera que habéis visto encabezando esta entrada, es una recreación que hizo purita campos de una viñeta antigua. en la época en que editorial glénat reeditó las aventuras de esther (entre 2006 y 2012, más o menos), purita hizo en varias ocasiones eso de pintar con técnicas más sofisticadas algunas escenas aparecidas originalmente en los cómics.

y ésta es la viñeta original. mil gracias por el apoyo y los ánimos. 😊 

lunes, 9 de marzo de 2026

a pesar de...

 

a pesar de la lluvia, tenía ganas de hacer un recorrido fotográfico por una zona donde voy dos veces por semana. se trata de canillejas y ciudad pegaso, dentro del distrito san blas de madrid.

salgo de la boca de metro de canillejas, y a partir de ahí tengo que caminar un rato.


hasta mediados de los noventa, la calle alcalá llegaba hasta el cruce con arturo soria, y a partir de ahí pasaba a llamarse avenida de aragón. pero se decidió “anexionar” dicha avenida a la calle alcalá, convirtiéndose de ese modo en la más larga de madrid.

este puente parece una puerta a otra dimensión...

ahora caminamos por un tramo donde la calle alcalá discurre paralela a la carretera de barcelona.

 

al llegar a estos monolitos, nos internamos por las calles de ciudad pegaso.

supongo que aquí acaba definitivamente la calle alcalá...

en este tranquilo barrio, las calles tienen nombres numéricos. ésta es la uno.

en fin, un recorrido entre calles mojadas y árboles en flor.


en la novela ‘nada más ilusorio’ de marta pérez-carbonell, que terminé de leer ayer, me gustó especialmente este pasaje:

Según leí, hay momentos de felicidad en que nuestro cerebro nos manda una señal para que reparemos en ellos, creando así una suerte de metafelicidad. Me pareció considerado por su parte, que tenga a bien avisarnos: oye, presta atención a lo que te está pasando en este momento; es un instante perfecto de complicidad con alguien, de intimidad incipiente en que nada es aún real, y te estoy avisando, que no se te pase.

espero que os haya gustado el paseo. sé de alguien que lo tuvo que sufrir en vídeo. 😉

martes, 3 de marzo de 2026

marejada

 

han regresado los retos literarios de nuestra amiga ginebra. el mes de febrero nos propuso escribir un texto sobre aceptar las emociones que vivimos, y no buscar siempre una falsa positividad.

entre las imágenes que nos dio a elegir para inspirarnos, me quedé con ésta que veis. espero que os guste el relato. 😊

Era un domingo primaveral. Ginebra había quedado con su excéntrico amigo Chema para ir a ver una exposición de cuadros de temática marina.

Ginebra no pasaba por su mejor momento anímico. La noche anterior había estado leyendo una novela gráfica sobre la Edad Media, concretamente un capítulo dedicado a los viajes en barco en aquella época. Ella pensó: “Si la vida medieval era dura de por sí, no quiero ni imaginar cómo sería para quienes viajaban por mar”.

Como no lograba conciliar el sueño, Gin dio un vistazo a las redes sociales. Vio una publicación sobre la leyenda del hilo rojo que une a dos personas que están predestinadas a encontrarse, y se preguntó: “¿Habrá algo de verdad en eso, o será sólo una muestra más de la moda positivista que nos invade?”.

Poco a poco se le fueron cerrando los ojos, y se recostó sobre la cama sin ponerse el pijama ni taparse...

Gin y Chema ya estaban en el interior del museo. Los cuadros eran de una calidad artística indudable, pero resultaban algo tétricos. Muchos de ellos mostraban el mar revuelto bajo un cielo oscuro, con algún que otro barco navegando en condiciones de riesgo.

Eso sí, se trataba de épocas posteriores a la Edad Media, ya que entonces no existía el concepto de perspectiva en la pintura, los cuadros eran muy ‘planos’. Por el contrario, los que estaban viendo tenían un efecto tridimensional muy logrado. Casi te sentías dentro de aquellas tempestades.

Ginebra de repente se sintió teletransportada a una roca llena de picos y salientes, que se clavaban en sus pies descalzos. Había perdido los zapatos. Entre sus manos tenía el famoso hilo rojo, que se había quedado enredado en la roca. En el extremo del hilo que ella sostenía no había nadie, y el otro extremo era imposible de encontrar.

Se encontraba sola, Chema y todos los visitantes y personal del museo habían desaparecido. Era como si se hubiera trasladado a otra dimensión. No sabía si seguir el rastro del hilo o si huir de allí nadando...

Entonces sonó el despertador. Gin estaba sobre su cama, con el chándal y los calcetines taloneros que llevaba en casa. Se había quedado dormida, y había tenido una terrible pesadilla.

Se duchó y desayunó. A las 11 había quedado con Chema en la puerta del museo. Esperaba que la visita a la exposición en la realidad fuera una experiencia más agradable que en el sueño de la pasada noche.

Cuando vio a Chema en la puerta, se saludaron con dos besos.

–¿Cómo vas, Gin? ¿Has dormido bien hoy?

–Bueno, así así... –respondió ella–. Esperemos que no haya cuadros de rocas con hilos rojos enredados en ellas.

–¿Cómo...? –se extrañó Chema.

–Nada, nada, cosas mías.


La visita al museo estuvo llena de buenos momentos para ambos. Gin anotó ideas que le sugerían los cuadros, y que usaría para sus poemas. Chema grabó un breve vídeo para su paciente y leal amiga catalana.

Después fueron a tomar un café a una terraza cercana, y se estuvieron contando sus penas y alegrías. Tanto Gin como Chema sabían que todas las emociones juegan un papel en la vida. Al igual que los colores fríos y cálidos en la paleta de un pintor/a.