el sábado pasado subí hacia el castillo de santa bárbara, en
alicante. en realidad, sólo llegué a las murallas que lo rodean. si había otro camino
por el que se podía subir más, yo no lo vi.
el día anterior, mi cámara nikon -una antigualla, lo sé- se había estropeado, aparentemente. quise repetir unas fotos de paseo de la playa que no me habían convencido, y aparecía una sombra en uno de los lados largos del rectángulo, independientemente del lugar y posición donde me colocara. y esa sombra no sólo salía al enfocar, sino que permanecía en la foto.
pensé con resignación: “a esta cámara ya le ha llegado su hora, tiene diez años”. de todos modos, la recargué en la habitación del hotel porque estaba baja de batería. cuando fui al castillo la eché en la mochila pensando: “no sé para qué, no la voy a usar”.
sin embargo, según iba subiendo por el camino hacia el castillo, lo que veía me iba pareciendo cada vez más bonito. al llegar arriba pensé: “y si probase de nuevo la cámara? quizá hoy sí funcione bien”.
sorpresa! sí que funcionaba, ya no salía esa sombra que estropeaba las fotos. así que decidí bajar y subir de nuevo. ya sé que podía haber hecho las fotos mientras bajaba y luego ponerlas en orden inverso, pero no es lo mismo. esos recorridos fotográficos hay que vivirlos...
unas bonitas vistas del interior de alicante.
los muros son interesantes como patrimonio histórico, pero
no debemos construir muros que nos separen de los demás.
allí arriba estaba el castillo, pero no se podía continuar.
ahora las vistas son hacia el mar. algo me ha quedado claro
en este viaje, y es que necesito sentir el mar cada cierto tiempo.
sabías que volvía del castillo y no había comentado en ninguna
parte que iba allí. gracias por tu presencia y por la conexión. 😊


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