el pasado mes de febrero, nuestra amiga ginebra nos proponía
escribir un texto sobre placeres. me ha hasta apuro escribir la palabra, y
alguien podría decir que azucena es mi alter ego femenino. 😉
entre las imágenes que nos ofreció gin para inspirarnos, elegí ésta que veis. empezamos el relato, y espero que os guste.
Azucena había recibido una educación religiosa muy estricta,
pero a medida que se fue abriendo al mundo, se volvió una chica más liberal.
Su amiga Ginebra le había regalado un libro de
neuropsicología titulado ‘el cerebro: una red infinita’. Azucena lo estaba
leyendo por las noches en la cama, antes de dormir.
Iba por un capítulo que trataba sobre el circuito de
recompensa. Explicado de manera muy simplificada, el cerebro recibe un
estímulo, y si lo identifica como placentero, en el futuro el individuo lo
tomará como motivación para su conducta.
Azu dejó el libro apartado unos instantes, y reflexionó
sobre cómo en ciertos entornos muy puritanos se había demonizado el placer. Y
lo que es peor, para quienes habían recibido ese tipo de educación -de la que
uno nunca consigue desprenderse del todo-, la misma palabra ‘placer’ había
quedado impregnada de connotaciones libidinosas. Lo cual no sería
necesariamente malo, pero hay muchos tipos y formas de placer.
¿Ejemplos? Quedarse dormido/a después de un largo día, darse
un baño en el mar, escuchar buena música, entrar en una pastelería y sentir el
olor a dulces recién hechos... Por no hablar de placeres más mentales, como
leer un buen libro o contemplar un paisaje exótico.
Bueno, y el concepto de placer también es un poco subjetivo.
Por ejemplo, las cosquillas en las plantas de los pies, para unas personas
pueden despertar muchas sensaciones agradables, mientras que para otras pueden
ser una tortura.
Azu retomó la lectura de su libro de psicología, pensando: “tanto
si termino de leer este capítulo tan interesante como si me quedo dormida
antes, será bueno en ambos casos”.
La semana siguiente tenía examen de estadística, y le
entraban teoría de juegos y equilibrios de Nash. Si aprobaba con buena nota, ¡eso
sí que iba a ser un placer de verdad!




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